HOY LEO A_SIMONE WEIL

El amor ha sido mi primer acercamiento a la filósofa, a quien en la solapa de esta minúscula pero detallada edición de Hermida Editores, describen también como mística, activista política, escritora y difícilmente clasificable. Apuntan que tras estudiar filosofía y literatura clásica se graduó en Escuela Normal Superior de París con mejor nota de su promoción por encima de Simone de Beauvoir. Coetáneas, compiten en temática y nombre. Entre ellas fueron distantes, competitivas, la Guerra de China por la que Weil sollozaba terminó por helar al completo la relación. “No la envidio por su intelecto, si no por su corazón capaz de latir por todo el mundo” confesaría la autora de El segundo sexo. Podría decirse que en Weil concurrían todas esas inquietudes que nombran y vivió cada una de las vidas que se propuso. Además de desarrollar una carrera ensayística con publicaciones y folletos como Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social o Echar Raíces, recopilados póstumamente por Albert Camus quien la definió como “el único gran espíritu de nuestro tiempo”, en sus once Cuadernos, que ordenó minuciosa antes de fallecer, lo ocupan uno de los temas que la atravesaba: el amor.

El ensayo comienza con una idea capital: restringir el amor al sujeto puro y extenderlo a todo el universo es lo mismo. También, con una advertencia “amar al prójimo como a mí misma no significa a todos los demás por igual, porque yo no amo por igual todas las formas de existencia de mí misma Por que yo no me niego a hacerme sufrir”. Aunque como explica María Mesa en el prólogo, la escritora nunca se decantó por ninguna corriente religiosa, este amor va atado a lo espiritual, a la existencia, a Dios. Simone Weil me conecta a Sontag, por su escritura fragmentaria, por encontrar belleza en los huecos, también a Lorca, por el ímpetu y la pasión, también me despierta el hambre de volver Rilke o a todos los griegos a los que todavía no he leído. Me lleva a querer saber quién es y cómo existió alguien así.

En las últimas páginas de este cuaderno sobre el amor, la teoría deja paso al relato. Weil es Simone en una buhardilla parisina, ni siquiera ella sabe donde amanece. Pero sí que ama, bajando las escaleras, mirando atrás, esperando esa respuesta.

Nota en el cuaderno:
No sé si el amor universal me interesa tanto como la idea de bajar unas escaleras esperando una respuesta.
Eso sí lo entiendo. A veces me cuesta entrar en el pensamiento de Weil, no porque no lo admire, sino porque no sé si estoy a la altura. Pero me alivia leerla cuando me desordeno.Me gusta que hable de atención, de obedecer sin cederse, de la gravedad como algo que pesa pero también empuja.

Hay algo muy concreto en la forma en que escribe sobre lo espiritual. Como si no hubiera diferencia entre una fábrica y un monasterio.
Me quedo ahí.