CUADERNOS DE EDICIÓN V: EL DON de H.D.

Hilda Doolittle le gustaba la mitología, hacer collages, traducir del griego, el mar y cuestionarse mucho las cosas. También la palabra escrita. La voz de Hilda Doolittle (1886-1961), conocida por su seudónimo literario H. D., fluye con una sensibilidad única y belleza lírica que la distinguen como una de las escritoras más originales de su tiempo. 

Entendía el amor como sinónimo de belleza, un amor que extendía a su admirada Safo. “Para apreciar la belleza hay que saber dejarla ir / hay que pensarla con el cuerpo”, escribió. La creatividad como una medusa sobre su cabeza. O un cerebro-útero. ¿Puede la palabra emanar calor, contener fuego, viento? ¿Sacudirnos?

Pionera en la exploración de la identidad y el sexo, sus escritos (poemas, ensayos, prosa) son una ventana a la mente de una mujer que desafiaba toda convención. Asociada con el Imagismo, cultivadora de un estilo lírico, su particular enfoque espiritual y psicológico, la escritura de Hilda Doolitle actúa como un río de imágenes y emociones.

En ‘El don’ germinan todas estas cuestiones; en ‘El don’, no hay normas. Es una novela y no es una novela, es una autobiografía y tampoco. ‘El don’ invita a buscarlo y dejarse llevar por las pistas que conjura. Publicamos a una autora que nos cautiva, revuelve, inquieta, y despierta preguntas. Tras su lectura, siguen reverberando las impactantes imágenes, los destellos, el tejido literario de un relato que está vivo y se retuerce.

EL LENGUAJE COMO UN ENCANTAMIENTO

Proceso. El proceso de edición de ‘El don’ comenzó ya hace dos años. Fue el tercer libro que incorporamos al catálogo editorial.

Cubierta. A la hora de elegir cubierta surgieron dudas. En las fotografías de
H. D. su gesto siempre es hermético, y creíamos que poco identificable para muchas lectoras. Optamos por el retrato (que ilustra Natalia Bosques) precisamente por este motivo: familiarizar su rostro.

El color. En el caso de Hilda Doolittle el tema del color adquiría más importancia tratándose de una autora que exploraba su simbología. H.D. relacionaba palabras, versos y momentos con tonos azules, rosas o morados. El color para ella no era un algo pasivo, era un vehículo.

En el ensayo ‘Color encantado: el uso del color en la obra de H. D.’, estudiaban cómo el violeta aparecía más de 20 veces en su icónico poemario ‘Sea garden’. El violeta, asociado con la sabiduría, la imaginación, la locura, la creatividad, el misterio y la magia. Igual que la estrella-fuego que a lo largo del libro invoca y hemos diseñado para trasladar a tatuajes temporales y marcadores (de tamaño XL, para talleres de collage y escritura alrededor del libro).

“¿De dónde provenía el don? ¿Estaba en el aire? ¿O se heredaba? ¿Dónde se originó?”, se pregunta. El libro es una búsqueda continua, es una estrella-fuego, no pretende resolver el enigma que también era su autora.

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